En la última despedida a Franco

Publicado: Jueves, 22 Noviembre 2018 Imprimir

   Se cumplen cuarenta y tres años de la llegada de Juan Carlos I a la Jefatura del Estado, y dada la arbitraria decisión del actual Gobierno sobre la exhumación y posterior destino de los restos mortales del artífice de esta restauración o instauración monárquica -según se mire-, es pertinente rescatar, en primer lugar, las palabras que el recién proclamado rey le dedicó en este acto transcendental.

   “Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para muchos una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su existencia a su servicio”.

   Asimismo, y para terminar, conviene reproducir también las que el cardenal primado de España, monseñor Marcelo González Martín, pronunció al día siguiente durante la homilía de la misa de corpore insepulto en una abarrotada Plaza de Oriente.

   Brille la luz del agradecimiento por el inmenso legado de relaciones positivas que nos deja este hombre excepcional, esa gratitud que le está expresando el pueblo y que le debemos todos, la sociedad civil y la Iglesia, la juventud y los adultos, la justicia social y la cultura, extendida a todos los sectores. Recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable, sino fidelidad estimulante, sencillamente porque las patrias no se hacen en un día y todo cuanto mañana pueda ser perfeccionado encontrará las raíces de su desarrollo en lo que ha estado haciendo ayer y hoy, en medio de tantas dificultades”.

   Ahora, en cambio, este hombre excepcional fue un dictador cualquiera del que ambas instituciones se lavan las manos ante la diabólica venganza socialista de sacarle de su sepultura. ¡Las vueltas que da la vida!


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