Gibraltar español

Publicado: Viernes, 30 Noviembre 2018 Imprimir

   Gibraltar es a Europa lo que el comunismo a la democracia, una paradoja que pone de relieve lo heterogéneo del Viejo Continente y lo artificioso de su afinidad, porque hasta el origen de la colonia viene de cuando sus naciones se enfrentaron, como de costumbre, para defender cada cual su hegemonía.

   De nada han servido tres décadas en la hoy Unión Europea para acabar con esta extemporánea circunstancia, aunque, según unos documentos desclasificados del Foreign Office publicados en 2014, el Rey le dijo al embajador británico en 1983 que a España no le interesaba de momento remover el asunto de Gibraltar para no avivar la reivindicación de Ceuta y Melilla, comparación desafortunada teniendo en cuenta que ambas fueron fundadas por los españoles antes de la existencia del reino de Marruecos y, en cambio, la toma del Peñón fue un acto de pura piratería que se remonta a tres siglos atrás, cuando el almirante Rooke lo ocupó en nombre de Ana de Inglaterra (y no en el del pretendiente rival, el archiduque Carlos), durante la Guerra de Sucesión española que trajo a España la dinastía de los Borbones con Felipe V.

   No obstante, si su devolución ha sido una demanda constante, fue al plantearse en 1963 ante las Naciones Unidas cuando más cerca se estuvo de recuperarlo, iniciándose a renglón seguido las negociaciones directas con Londres, logrando dos resoluciones favorables de la ONU que reconocían que Gibraltar no era territorio británico y que éstos rechazaron, por lo que España decidió cerrar su frontera en 1969 dejándola a dos velas, incomunicada y sin suministros por tierra.

   Con esta enérgica medida la colonia comenzó a convertirse en un verdadero lastre para los usurpadores, que a punto estuvieron de tirar la toalla por el esfuerzo que suponía abastecerla desde la metrópoli, pero, helo ahí, que llegó nuestra espléndida democracia y ante la perspectiva del Mercado Común se abrió la verja en 1985 para apaciguar los ánimos de los ingleses que, sin duda, algo tenían que opinar al respecto.

   Lo único positivo de todo este vergonzoso asunto es que, por encima de cualquier signo político, el Estado siempre ha mantenido una posición categórica en cuanto a su soberanía con la excepción del ominoso Zapatero, que renunció a su negociación e incorporó al tercero en discordia otorgando a los gibraltareños un derecho de veto que no les corresponde por tratarse de un contencioso, exclusivamente, entre los gobiernos de los dos países.

   En cuanto al último paripé del Gobierno actual, amenazando con bloquear el acuerdo del Brexit por Gibraltar, huelga decir que desde hace ya tiempo somos el hazmerreir de Europa y difícilmente volverá a presentarse otra ocasión como la citada con este linaje de políticos.

   En fin, que como decía Franco, que se murió pensando que la piña terminaría cayendo más pronto que tarde, Gibraltar no vale una guerra.

   Aquí dejo una curiosa canción de la época sobre este tema que he encontrado en Internet.


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