Liquidación por reforma

Publicado: Jueves, 01 Diciembre 2016 Imprimir

   Una de las mayores incongruencias de esta democracia es su irreverencia hacia el inmediato pasado que la precedió, más cuando ésta es una consecución de aquél. En este sentido, en el libro “Mis Conversaciones Privadas con Franco” podemos leer lo que pensaba el entonces Jefe del Estado en 1965:

   "Si se aplica bien la ley de sucesión el pasado no volverá, y la futura monarquía contribuirá a la grandeza de España y será una garantía de que no se podrá retroceder a las situaciones que superamos en nuestra guerra. La nueva constitución monárquica, basada en la ley de sucesión y en los principios fundamentales del Movimiento, tendrá fuerza suficiente para que sea respetada, y la flexibilidad necesaria para irse amoldando a las necesidades futuras de la nación”.

   Pero, finalmente, la conjeturada constitución monárquica se consensuó entre marxistas y oligarcas en restaurantes de cinco tenedores para goce y beneficio de los partidos políticos, viniendo encima a declarar que España no era una Nación sino un Estado.

   Desde entonces, los hampones democráticos no han perdido ocasión de sacar a relucir aquello de que se volvía al franquismo para acomplejar a sus pusilánimes oponentes políticos, como si a la vista de esta pantomima eso fuera algo reprochable; por supuesto, tampoco han dudado en saltarse directamente la Constitución para lograr sus planes y así nos va con este separatismo rampante, el sangrante infanticidio, los latrocinios constantes, la ideología de género..., por citar algunas de sus perlas, o ese engendro sectario de la ley de memoria histórica, y que sólo persigue enfrentar a los españoles entre sí reabriendo las heridas que estaban cerradas, según el axioma de un dramaturgo del siglo XIX: "Hay que violar a la historia para hacerle un hijo. ¡Y le hacían unos hermosos hijos que no se parecían en nada a su madre!".

   Ahora la quieren reformar, y, sin duda, será para peor, pues lo que mal empieza mal acaba. Recuerdo que allá por el año en que se votó en referéndum había unas pintadas en una tapia cerca de mi colegio en las que se leía “no a la Constitución” o “antiespañola”, y cuya significación, si bien todavía no entendía por mi edad menos aún me preocupaba, aunque también había otra que ya me llamó algo más la atención: “Con Franco pan y trabajo, con los rojos sangre y piojos”.


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