La recompensa de una buena acción es haberla hecho (Séneca).

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Tiempo de promesas

Publicado: Jueves, 11 Abril 2019 Imprimir

   A unas horas de que comience oficialmente la campaña electoral (¡socorro!), en la que estamos oficiosamente toda la democracia, es oportuno recapacitar sobre algunas cosas aprovechando la Semana Santa. Así, de paso, fortaleceremos nuestro arraigo a las tradiciones y amortiguamos el bombardeo político que nos ofrece la tierra prometida.

   Aparte de disfrutar de unos días festivos, o mini vacaciones los más afortunados, lo que se rememora es la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, hechos que deberían prender en lo más profundo de nuestro ser por la parte que nos toca, aunque esto ya no depende siempre de uno, sino de la Providencia, "que viene en ayuda de nuestra flaqueza porque ni siquiera nosotros mismos sabemos [pedir] lo que nos conviene".

   Supongo que en estos días me pasa un poco lo que a veces en Navidad, al recordar aquellas semanas santas lejanas en el pueblo de mi madre, la verdad que bastante aburridas, pero en las que la religiosidad de las gentes no se ridiculizaba gratuitamente y de manera soez como ocurre ahora con esas catervas de irreverentes que parecen estar poseídos, pues se comportan como los endemoniados que nos mencionan los Evangelios.

   Pero volviendo a mis evocaciones de la infancia, lo primero que me aborda son las típicas monas de Pascua, con su característico huevo duro y los anisetes de colores, los puntiagudos capirotes de los nazarenos con su luctuoso antifaz  y los velos morados cubriendo las imágenes en las iglesias, que visitábamos para ver los pasos procesionales que iban a recorrer las calles, al ocaso del sol, en medio de un respetuoso silencio que a ratos rompían las cornetas y tambores de los cofrades, como éstos el ritmo pausado de la hilera cuando se les apagaba el cirio y probaban a encenderlo apresuradamente con el de otro.

   Decía Voltaire que el mundo es una mezcla tolerable de bienes y males, mientras que Huxley se preguntaba si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta, aunque de cualquier manera, para un verdadero creyente "mucho mejor es el día en que nacemos para la eternidad que aquel en que nacemos para los peligros del mundo", que cita un teólogo griego de la Antigüedad clásica, y en eso, precisamente, descansa el mensaje de la Semana Santa, en que Cristo vino a dar su vida en rescate por todos, venciendo a la muerte. El efecto ya depende de cada cual.