Sin duda, no hay argumento más convincente que el que se da con la propia conducta.

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Publicado: Domingo, 05 Enero 2020 Imprimir

   Hoy sus señorías han votado en primera vuelta la fallida investidura del presidente en funciones, pero el próximo martes, en segunda votación, previsiblemente ya lo sea a todos los efectos con los mismos apoyos salvo sorpresas de última hora, esto es, que alguno lo reconsidere y le retire su confianza, cosa muy poco probable por no decir imposible, dada la conformación actual del Congreso.

   Desde luego, si alguien diera ese paso se alzaría como el gran protagonista que evitó en conciencia el asalto al poder de un nuevo Frente Popular, alterando para bien de España el curso de los acontecimientos, porque para qué engañarse, por mucho que lo disimule su audaz candidato, se está reproduciendo lo que aconteció en aquella nefasta república, con la diferencia sustancial de que entonces no había rey. Por supuesto, también es distinta la sociedad, aunque eso no evita que se pueda acabar igual.

   La segunda República se planteó como un régimen de media España contra la otra mitad; esta investidura como una pugna abierta entre la izquierda y la derecha. En 1934 Companys proclamó el Estat Catalá y ahora, ante las mismas pretensiones, Torra desobedece sistemáticamente a los tribunales de justicia al tiempo que los nacionalistas vascos se frotan las manos aprovechando la coyuntura y, como entonces, los comunistas sacando tajada al auxilio de los socialistas. Resulta absolutamente absurdo pretender posicionarse del lado de la vigente Constitución y al mismo tiempo alinearse con semejante espectro político. Pero eso ya lo sabe el aspirante.

LA NOCHE MAS HERMOSA

   Creo que así la tituló en una ocasión hace años el diario ABC. Afortunadamente, la casualidad o la estrella no ha querido que recayera sobre la mancha reciente de una política desilusionante.

   Hoy es víspera de Reyes, noche de ilusiones y deseos, y, si no, de nostalgia y recuerdos, cuando también soñábamos con los regalos que habíamos pedido a unos señores que venían de muy lejos.

   Sin embargo, a la izquierda le parece mal que se mantenga esta bella tradición e intentan sustituirla con otras alternativas ridículas que desdibujan su lucimiento y majestuosidad, todo con tal de suprimir su sentido religioso y arrancar de la infancia la inocencia e ingenuidad que cuando se desvanecen nos abandona para siempre.

   Aunque en la imaginación, los Reyes Magos viven, pero descubierta su entelequia los padres han de tomar el relevo para que no se rompa ese vínculo con los niños, que en su convencimiento sienten, como antes nosotros, esa indescriptible magia que les colma de felicidad.

   A propósito de esto, menuda envidia sentí al ver una portada del periódico citado en la que los tres estaban con el entonces príncipe, pues todavía fantaseaba con conocerlos algún día, aunque el caso es que por imposiciones de la edad poco después perdí ya el interés, que no mi admiración y respeto por el regalo de su existencia.

Felices Reyes.