"Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido". Rilke

esenfrdeitptru

Iconoclastas

Publicado: Martes, 18 Febrero 2020 Imprimir

   Una sociedad que traga con la eutanasia carece ya de cordura, por mucho que se apele a la dignidad humana que excluida de alma queda reducida a la de un animal, y es que el solo hecho de impulsarla legalmente dice muy poco en su favor, porque si la voluntad de morir no justifica el suicidio menos aún asistirlo.

   Estas cosas son muy escurridizas, y cada caso tendrá unas particularidades, por lo que deberían dejarse al criterio de la medicina cuyo fin no es apartarse de la enfermedad, sino combatirla. Sin embargo, quienes impulsan la ley apoyándose en su ¿demanda social? (típica treta de la izquierda a fuerza de sacarlo en televisión cuando la realidad es otra), arguyen "graves padecimientos y difíciles de soportar", pero en el dolor entran estimaciones muy subjetivas, más emotivas que racionales, que degeneran en opiniones de todo tipo, bosquejándose una estética del esperpento como en lo de "proteger" a los colectivos más vulnerables (curiosa manera de hacerlo), mientras que en el enfermo lo que hay en el fondo no es un deseo formal de morir, sino de alivio.

   A la izquierda, es lo que tiene, siempre le ha dado por los indefensos y ahora, ironías de su estilo, les preocupa que se les manipule, pero regular la eutanasia como con el aborto -posibilidad que arrancó limitada a una serie de supuestos y se ha trocado en un desbordamiento-, no resulta muy social ni solidario, por mucho que impliquen otros aspectos, y, según observó la Madre Teresa de Calcuta, "un país que acepta el aborto no enseña a su gente a amarse unos a otros, sino a utilizar la violencia para conseguir lo que quieran".

   Desde luego, la felicidad no puede estribar de suyo en un bien corporal (Santo Tomás), aun desabastecido de convicciones religiosas, cualquiera percibe que con estos anti-derechos o efugios irreversibles se atenta contra la propia naturaleza humana y esa manida dignidad que junto a otras cualidades lo diferencia del resto de especies y cuyos individuos se sacrifican en función del objeto, aunque para objetos las personas, cada vez más cosificadas con estos políticos desaprensivos y sus palmeros que, presuntamente, ante tal dilema lo tendrían muy claro. ¿Qué se es en esas circunstancias, algo así como coches viejos o defectuosos condenados al desguace o autómatas paridos con obsolescencia programada?

   En su obra El hombre en busca de sentido, señala Viktor Frankl, fundador de la logoterapia, que el realismo nos avisa de que el sufrimiento es una parte consustancial de la vida y aconseja que "a los hombres desesperados hay que enseñarles que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros"; Dostoyevski, sencillamente, sólo temía una cosa, no ser digno de sus sufrimientos.

   Pero una sociedad que inculca a los jóvenes que lo primordial es la satisfacción del momento y les excluye de compromisos morales no podrá hacer frente a sus retos, estará a merced de los vientos que corran, aunque todo el envilecimiento viene dado por su renuncia a Dios, y cuando se deja de creer en Dios -que intuyó Chesterton-, enseguida se cree en cualquier cosa, precisamente, en lo que se les ocurra a unos impostores a los que se les vota, palomas en la exterior compostura y serpientes en lo interior.

   ¿Y entonces, en qué quedamos, en que Dios no existe o en que se es autosuficiente mientras el Estado no diga lo contrario? Contrástense los Mandamientos con el actual discurso liberticida que se ocupa de todo:

I. Amarás a Dios sobre todas las cosas (y al prójimo como a ti mismo). A nadie te debes ni perteneces.

II. No tomarás el nombre de Dios en vano. Mejor ni mentarlo.

III. Santificarás las fiestas. Dedícate a lo tuyo.

IV. Honrarás a tu padre y a tu madre. Este suena mejor por la diferenciación de género.

V. No matarás. Ejem...

VI. No cometerás actos impuros. Tu cuerpo es tuyo, úsalo.

VII. No robarás. Ejem, ejem, ejemmmmm.

VIII. No darás falsos testimonios ni mentiras. Son la base del pensamiento único.

IX. No consentirás pensamientos ni deseos impuros. Abstráete en lo que desees.

X. No codiciarás los bienes ajenos. Tanto tienes, tanto vales.

   En conclusión, allí donde Dios tiene un templo, el demonio suele levantar una capilla, que dijo uno, del mismo modo que los que cambian su libertad por su seguridad, al final, no tienen ni una cosa ni otra.