"Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido". Rilke

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Gobierno progresista

Publicado: Lunes, 24 Febrero 2020 Imprimir

   Así es que referirse a Franco objetivamente quieren tipificarlo en el código Penal... ¿Y qué será lo siguiente? ¿Acabar con cualquier vestigio que quede de su época hasta concluir cubriendo los pantanos? Ya puestos, podrían vaciarlos, como todo lo que tocan, buscando pecios para pagar las futuras pensiones.

   Napoleón III recomendaba que en política hay que sanar los males, jamás vengarlos, algo de sentido común en cualquier sociedad que aspire a mejor, pero a la izquierda eso de instrumentalizar el odio le da mucho rédito y está claro que no saben hacer otra cosa, enredados en oscurecer aquel enorme desarrollo que España experimentó bajo su jefatura y que fue la envidia de medio mundo. Tal era entonces el recelo de algunos gobiernos vecinos que vetaban su entrada en el Mercado Común únicamente por razones políticas, alegando que era una dictadura, aunque bien que sabían que eso no suponía ningún escollo para el conjunto de los españoles ni para los millones de turistas que nos visitaban, si encima se compara con tener que sostener hoy a tanto burócrata y político inútil la conclusión es indudable.

   Pero no se trata de aburrir ahora refutando las mentiras en torno al relato apócrifo de una democracia llena de lagunas que parece surgida del big bang, sino de recapacitar ante lo que aparenta una regresión del partido socialista hacia estadios superados, ya que lo de renunciar al marxismo en la transición con el tiempo se ha quedado en un mero formalismo para entroncar con unas siglas ausentes del contexto político de entonces y fabular al cabo con los cien años de "honradez y firmeza", simiente de la memoria histórica, y lo mismo con los comunistas asumiendo la bandera bicolor y con todos aquellos partidos declaradamente contrarios a la unidad de España, por lo visto primos hermanos.

   El tramposo discurso de la izquierda a muchos suele parecerle a bote pronto persuasivo, si éste se da en condiciones sociales aceptables -generalmente alcanzadas por conservadores-, puesto que sus planteamientos, por su mediocre nivel, resultan sencillos y provocadores, y de ahí su eficacia electoralista que después se traduce en casi nada positivo, si bien, la sociedad por sí misma resiste como puede, recuérdese cómo empieza y termina un gobierno socialista cualquiera. El riesgo es que actualmente el sistema está demasiado expuesto a la influencia de factores que lo desafían abiertamente y que nunca habían convergido de forma parecida desde hace noventa años. De nuevo, cómo no, por impulso de los socialistas.