Supertramp forever

Publicado: Jueves, 29 Junio 2017 Imprimir

   La primera canción que recuerdo haber oído de Supertramp fue casualmente en la televisión allá por el año 1979, que a la sazón, en la principal cadena de las dos que existían, emitía un conocido programa con la sintonía de otro temazo de ellos, concretamente un fragmento instrumental de Another Man's Woman; respecto a la aludida antes se trataba de Give Little Bit, de la cual se incluyeron unos segundos en una escena de la película Superman (1978) que a mí entonces me pasaron desapercibidos en el cine.

  Pero no sería hasta que escuché su hit The Logical Song cuando ya me quedé prendado por la voz de su intérprete y ese peculiar sonido caracterizado por el piano eléctrico Wurlitzer. ¡La de veces que la pusimos el día que mi hermano se compró el disco!, dándole de nuevo a la palanquita del tocadiscos Grundig en el instante en que dejaba de girar a sus 45 rpm.

   A partir de ahí empezó mi incondicional entusiasmo por aquel grupo malogrado, precisamente en su mejor momento, por la repentina y controvertida marcha del multi-instrumentista y vocalista principal (al menos comercialmente hablando), Roger Hodgson, quien, por cierto, este mes de Julio está de gira por España para satisfacción de nostálgicos como yo de Supertramp, y a los que seguro nos trasladará a aquellos años mozos en los que nos sorprendían con sus éxitos, pero esto ya lo dejamos para otro post.

   Desde luego, no voy a entrar ahora en las causas que les empujaron a separarse en plena popularidad, algo que naturalmente significó una enorme decepción para sus miles de fans y un duro revés para la supervivencia de la propia banda que, aunque contaba en su haber con su estupendo repertorio, quedaba en adelante despojaba de la inconfundible voz de Hodgson tan ligada a la trayectoria de la banda como el emblemático teclado Wurlitzer, abandono que sobrevino en 1983 tras la edición de su séptimo LP de estudio "...famous last words...", y que por fortuna no serían las definitivas. ¡Para que luego digan que el 7 es el número de la suerte!

   Con Hodgson ya por su lado, el resto de los miembros del grupo -el cantante y pianista Rick Davies (al que volveremos ahora), el saxofonista John A. Helliwell, el guitarrista Dougie Thomson y el percusionista Bob Siebenberg-, continuaron adelante, reto que superaron dignamente para alivio de muchos bajo el liderazgo de Davies, de composiciones más medidas e intensas pero menos frescas y pegadizas que las de Hodgson. No obstante, y pese a la imborrable huella dejada por aquél, hay que matizar que desde su fundación la idiosincrasia de esta legendaria formación ha estado determinada por la influencia y las ideas de Davies, que a partir de aquella ruptura incorporaría nuevos músicos para cubrir el vacío dejado y modernizaría el sonido sin renunciar a la esencia del mismo, tan reconocible como celebrado por sus veteranos seguidores.

   Con el potente Cannonball arrancando su comprometido álbum Brother Where You Bound (1985), se lanzaron con ánimo renovado a esta nueva etapa en buena medida eclipsada por la proyección y el peso de la anterior, lo que tampoco significó óbice alguno para no perdermelos cuando actuaban en Madrid y disfrutar con cada una de las canciones que interpretaban, aunque al principio se echara en falta sobre el escenario al clásico y genuino tándem alternándose en los temas, fórmula adoptada desde sus comienzos en todas sus grabaciones y que tan eficazmente les funcionó mientras duró. Aún así, seguían siendo soberbios, con una puesta en escena de luz y sonido sólo al alcance de los más grandes, si bien, la clave de su atracción residía en la maestría y la genialidad del insuperable y carismático Rick Davies.

   Sin embargo, lo mejor para mí llegaría una cálida noche de verano, cuando al fin los conocí personalmente tras un concierto de su gira del noventa y siete, “It’s about time”, ya mayorcitos y sin greñas, pero con la fuerza y la majestuosidad de siempre, ocasión que evidentemente aproveché para charlar con ellos, firmarme algunos viejos discos y hacernos unas fotos. Fue genial, algo así como el colofón a una fidelidad mantenida desde antes de la adolescencia.

   Tras cinco años regresarían a los auditorios europeos con el tour “One more for the road”, presentando su último trabajo, Slow Motion (luego vendría un recopilatorio), aunque ya se iba percibiendo que a Supertramp le iba quedando cada vez menos fuelle; el tiempo no pasa en balde y habría que esperar ocho años a la gira conmemorativa "70-10 tour -All the Hits and More-" y cuatro más para la última anunciada, que hubo de cancelarse por motivos de salud de Davies.

   Mientras tanto, seguiremos escuchando su estupenda música que tan buenos recuerdos suscita, aguardando con muchas ganas su ansiada vuelta con nuevos temas.

 

 


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