"Ningún poder de la tierra podrá arrancarte lo que has vivido". Rilke

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La progre inquisición

Publicado: Jueves, 05 Marzo 2020 Imprimir

   A más hipertrofia gubernamental menos libertad de expresión, lo que desvirtúa a la democracia y erosiona los límites del poder político o su control y regulación por la ley, dejando a su arbitrariedad el reconocimiento de derechos fundamentales y la incorporación de otros de sesgo ideológico. Se empieza por estereotipar lo que molesta para terminar persiguiéndolo abiertamente.

   Es lo que han logrado prácticamente en dos o tres generaciones con la familia tradicional y los sentimientos nacionales y religiosos, pues si algo tienen en común los actuales postulados de la izquierda con cierto virus mediático es su rapidez de transmisión sin la pertinente higiene moral (de ahí lo de arrebatarles la educación a los padres), aunque no conviene estornudarles demasiado porque la cuarentena puede ser peor que el tratamiento, al menos, mientras sus gérmenes dogmáticos se muten en normas legales como churros, que es lo mismo que otra clase de esclavitud, pero con una apariencia distinta. Rebuznan con el franquismo, cuyas libertades prácticas cada vez se van adivinando mayores a las existentes, limitadas a un normativismo asfixiante que destruye la autonomía natural de la persona y le impone pautas propias de un autómata.

   En fin, téngase en cuenta que para el marxismo que encarnan estos ignaros el individuo es un producto social que ha de ser absorbido por el Estado en interés de la comunidad (y, sobre todo, de ellos), relegando su protagonismo a una pieza más del entramado socialista; hasta conseguirlo, su técnica es enfrentar a la sociedad enrareciendo la convivencia -antes con la lucha de clases (proletarios vs. burgueses), ahora de la de sexos (mujeres versus hombres)-, una estrategia para manejar a la masa que, como es sabido, es acéfala y gregaria. Al respecto, decía Lerroux de la libertad que sufre más de la demagogia civil que de la dictadura militar, y Burke, como se está viendo, que aquélla sin virtud ni sabiduría es el mayor de todos los males, el caldo de cultivo ideal para llevar a la sociedad a la sumisión.

   Contemplando el panorama no parece cosa de ser o de derechas o de izquierdas, sino de reflexionar sobre lo que está en juego entre el pueblo y los políticos. En este sentido afirmaba Viktor Frankl que sólo hay dos razas de hombres en el mundo, la de los decentes y la de los indecentes, que ambas se entremezclan en todas partes con independencia de su capa social y que ninguna se compone exclusivamente de unos u otros, por lo que nadie es de "pura raza", sin embargo, todos coincidimos al menos en algo, en nuestro afán de felicidad (que incumbe, principalmente, a la libertad), y ésta es apolítica.