"Para saber quién gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quien no estás autorizado a criticar" (Voltaire)

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Fátima

Publicado: Miércoles, 13 Mayo 2020 Imprimir

   Se cumplen ciento tres años de las Apariciones de Fátima, entre Mayo y Octubre del fatídico 1917: Europa estaba en guerra, estalla la revolución rusa y en Estados Unidos surgen los primeros brotes de la llamada, inmerecidamente, gripe española de 1918, aunque investigadores sitúan su inicio, casualmente, en China, e incluso meses antes en Francia. ¡La humanidad derrumbándose y quién iba a preocuparse de lo que dijeran unos simples niños de un perdido rincón de Portugal!. Pues bien, esas apariciones constituyen el hecho más transcendente del siglo XX y todavía no nos hemos enterado: la Madre de Dios acudía "para devolver la esperanza al mundo y recordarle la necesidad de evitar el pecado y reparar sus ofensas por medio de la oración y la penitencia".

   Aquellos sucesos son los que en su conjunto se conocen como el Mensaje de Fátima, transcrito por una de las videntes, sor Lucía, en tres partes; las dos primeras relatan la visión del infierno, lo concerniente al Corazón de María y los errores que Rusia extendería por el mundo, mientras que la tercera no se publicó hasta llegado el cambio de siglo, suscitándose alguna que otra teoría apocalíptica entre tanto, especialmente a raíz del atentado contra Juan Pablo II en 1981 coincidiendo con un 13 de Mayo, y aún se especula sobre la existencia de un cuarto secreto, o parte, que el Vaticano siempre ha negado. Por ende, se supone que se conoce ya en su totalidad, sin embargo, su exégesis no es inequívoca o en algún aspecto puede parecer demasiado evidente. Es como si después de varias décadas con la presión en la palestra aquel Papa hubiese resuelto terminar con las intrigas dándole carpetazo hace veinte años, cuando su propósito ahora es más necesario que nunca y lo perentorio es atender a las exhortaciones de la Virgen de Fátima para evitar el inicio de una era marxista.

   En efecto, hoy no estamos en unas circunstancias muy distintas al momento de los pastorcillos, porque la guerra la tenemos declarada por un enemigo invisible y su contención está sacudiendo todo lo demás, sólo faltan las revoluciones, sin descuidar que la plutocracia más avezada las está aprovechando para llevarnos hacia esa "nueva normalidad" supuesta que parece sacada de una novela de Orwell o plagiada de la masonería, donde no todos son satánicos, aunque todos los satánicos son masones, lo que explicaría la apostasía de estos tiempos y la persecución religiosa, por no hablar de profanaciones recientes o la pretendida voladura de cruces sin ir más lejos.

   Cambiando de tercio, confieso que tengo mucho que agradecerle a la Virgen, y en las dos ocasiones que fui a Fátima mis expectativas se vieron correspondidas, especialmente tras la primera, agobiado por ciertas preocupaciones. No es de extrañar que este hermoso lugar se haya convertido en uno de los centros de peregrinación mariana más importantes, ya que nadie, con propósito de enmienda, sale indiferente de allí. No obstante, tampoco es obligatorio ir para contar con su auxilio y dedicarle algún rosario de vez en cuando. En mi caso, es a mi madre a quien le debo esta devoción a la Virgen de Fátima, que ya de pequeño me la inculcó con las estampas y los libritos de las apariciones o acompañándola los primeros sábados de mes a aquellos rosarios junto al estanque del Palacio de Cristal de El Retiro.

   En fin, dice Tomás de Kempis que "en las cosas de Dios no vacila en la fe quien se afianza en la palabra de Dios, que en materia de fe no le toca al entendimiento escudriñar, sino creer, porque si tales fuesen las obras de Dios, que fácilmente se pudiesen comprender por la razón humana, no se dirían inefables ni maravillosas", pero, como señalaba un filósoso, "algunas personas se niegan a reconocer la profundidad de algo porque exigen de lo profundo que se manifieste como lo superficial", en cambio, quienes no flaqueen serán testigos de la gran promesa de la Virgen de Fátima al mundo: “Por fin, mi inmaculado Corazón triunfará”.

 

Conmemoración del Centenario de las Apariciones en 2017