Vista, suerte y al toro

Publicado: Viernes, 13 Octubre 2017 Imprimir

   La trágica muerte en un Eurofighter del capitán Borja Aybar García, q.e.p.d., cuando volvía de participar en el multitudinario desfile del 12 de Octubre, ha sido un golpe para los españoles que, además, estos días hemos renovado mayoritariamente el orgullo de serlo con todo este lío de los separatistas.

Para mí también ha entrañado rememorar con afecto los tiempos de la mili que realicé en el Ejército de Aire, y en la que alguno de nuestros mandos era piloto de combate.

   Aún recuerdo la interesante charla de un joven comandante a mi reemplazo, que apuntó la importancia de tener vista de lince para el oficio de aviador, como lacónicamente suscribe aquel emblema de la patrulla Azul del legendario García Morato, Vista, suerte y al toro, actualmente denominada Ala 11 de Morón de la Frontera, donde, precisamente, tuvo su primer destino el militar fallecido.

   Sin duda, el Ejército es como un gran hogar donde se respira verdadero compañerismo y, ante todo, un lugar en el que prevalece el anhelo común de servir a España; para los que tuvimos el honor de pertenecer al mismo circunstancialmente, supuso una inolvidable experiencia en la que nos enseñaron a amar a la patria y a comprometernos con nuestra bandera, que estos días con entusiasmo colocamos en los balcones, y por la que incontables hijos de España derramaron su sangre pródiga.

   Como voluntario, me tocó llevar durante un año y medio el uniforme de nuestra Aviación, que desde su creación a principios del siglo pasado tantas victorias y proezas ha dado a España y, sobre todo, hombres irrepetibles y generosos que con su sacrificio y constancia la elevaron a las páginas más nobles de su historia. Aún retengo el hermoso himno que cantábamos formados después de desfilar con motivo de alguna celebración, y cuya última estrofa dice: "Volad, alas gloriosas de España, estrellas de un cielo radiante de sol, escribid sobre el viento la hazaña, la gloria infinita de ser español".

   Mucho ha llovido desde aquellas guardias y retenes, de la instrucción bajo un sol de justicia o de las tediosas tardes en el cuartel pensando en la novia, de todo lo cual guardo un buen recuerdo porque cumplía con el mayor encargo al que puede ser llamado un español: salvaguardar su Patria.

   Supongo que por eso soy uno de tantos españoles que lamentaron su supresión, sencillamente, porque con la profesionalización de la tropa se ha desvinculado a la juventud de su deber para con España.

   En fin, sirvan estas líneas como un sencillo homenaje a nuestro último héroe caído en acto de servicio. ¡Viva el Ejército del Aire!


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