Rueda, que rueda la bola.

Publicado: Martes, 31 Octubre 2017 Imprimir

   Tras la aplicación del recelado artículo 155 a lo lampedusiano, es decir, que todo cambie para que todo siga igual, parece que la desconfianza de los españoles empieza a volverse contra el Gobierno, que lejos de zanjar este espectáculo demencial lo ha dejado correr como una bola de nieve que ha ido creciendo.

   Después de varios meses de agresivo desafío separatista, la sensación que se va imponiendo en la calle es la de que tenemos por dirigentes unos oportunistas incompetentes de tomo y lomo, que es lo acostumbrado, o que no se dan cuenta del gravísimo perjuicio que a medio plazo pueden provocar con esa manera de proceder entre tranquila y sistemática; podría plantearse una tercera, aunque con semejantes méritos de momento vale. Seguramente, piensan que saben lo que hacen, aunque la mejor manera de no solucionar un problema es hablar continuamente de éste, ya sea conferenciando vía Bruselas o con la Conchinchina, tanto es así que los sediciosos gerifaltes se han fugado tan tranquilamente para seguir presentándose como heroicas víctimas al cabo de pasarse las leyes por el forro.

   Desde luego, uno está más que harto de tener que tragar con la dichosa política todos los días, y después de cuarenta años con el retintín de la democracia tan fantástica que nos hemos dado y de agravios constantes a España, no puedo por menos que sentir pena y repugnancia ante lo que ya ha sobrepasado lo digerible, y a lo que este Gobierno se ha ido enfrentando a base de una desesperante condescendencia a la que aquéllos replicaban con otra provocación mayor y, si cabe, más humillante; la más grave, la bochornosa votación secesionista el pasado viernes en directo por la televisión para proclamar la república independiente de Cataluña, a la que con enorme impotencia e indignación asistimos perplejos los españoles, y lo que aún nos queda por aguantar.

 


Pues si te ha gustado, compártelo si quieres