La vuelta y las vueltas de la monarquía

Publicado: Miércoles, 22 Noviembre 2017 Imprimir

   Al hilo del post anterior, tal día como hoy de 1975, las Cortes se reunían para proclamar Rey a Juan Carlos de Borbón, reinstaurándose casi medio siglo después la monarquía suprimida por la II República, de triste memoria, que en 1931 por un decreto de Azaña declaró a su abuelo Alfonso XIII, ya en el exilio, reo de alta traición y privado de la seguridad jurídica, esto es, que cualquiera dentro de España podía aprehenderlo, dislate que Franco anularía al finalizar la Guerra Civil.

   En aquel ínterin, con Franco de cuerpo presente en la capilla ardiente en el palacio Real, el ya Jefe del Estado iniciaba su intervención dedicándole a su antecesor las siguientes palabras: "Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para muchos una exigencia de comportamiento y lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su existencia a su servicio".

   Sin embargo, y dado el cambio de percepción generalizada que se ha ido imponiendo sobre aquél, para entender mejor aquella rotunda mención a su memoria habría que remontarse como poco seis años atrás, a cuando Franco le propuso sucederle y el entonces Príncipe de España declaraba ante las Cortes: "Recibo de S.E. el jefe del Estado la legitimidad política surgida el 18 de Julio de 1936", fecha del Alzamiento Nacional y comienzo de la Guerra Civil, lo cual choca de lleno con el espíritu y la letra de la ley de Memoria Histórica que él mismo sancionó en 2007 y que en su Exposición de Motivos dice: "Nadie puede sentirse legitimado, como ocurrió en el pasado, para utilizar la violencia con la finalidad de imponer sus convicciones políticas...", lo que a más de uno le ha llevado a sospechar que dicha ley va incluso algo más lejos de la mera condena del franquismo y su pretendida finalidad reparadora, aunque tampoco dejó indiferente el desplante de su primogénita, la infanta Cristina, soltando lo de "las ganas que tenía de no volver a pisar este país" cuando quedó visto para sentencia el mediático juicio del caso Nóos, y del que salió airosa como no podía ser de otra manera, o el desprendido detalle de su hijo, Felipe VI, con motivo del cuarenta aniversario de las primeras elecciones democráticas, calificando de "inmensa tragedia la dictadura sobre la que no cabía fundar el porvenir de España", lo cual la desfigura injustamente como la auténtica rehabilitadora de la monarquía. A este respecto, Franco sólo usó en tres ocasiones la conocida expresión "atado y bien atado", y siempre para referirse al futuro rey de España, según reveló Sabino Fernández Campo, una de las personalidades entre bastidores más cercanas a Don Juan Carlos. La primera, como se ha señalado, en las Cortes el 22 de Julio de 1969 con motivo de la designación de su heredero; la segunda vez, ese mismo año en su tradicional mensaje navideño, y, la tercera y última, en 1971 durante la apertura de la X legislatura de las Cortes. Para que luego se diga que sobre la dictadura no cabía fundar el porvenir de nada, especialmente si hablamos de esta dinastía.

   Pero para que todo quede en familia, no está de más traer a colación lo que la propia reina Sofía pensaba de esa inmensa tragedia que les acogió con los brazos abiertos para que continuaran dirigiendo los destinos de España: "En cuanto a que faltaban las libertades de prensa, de expresión, de reunión, de asociación, de manifestación,... era una dictadura. En cuanto a que estaban prohibidos los partidos políticos y los sindicatos, era una dictadura. Y en cuanto que se hacía lo que mandaba Franco, y que él tenía todos los poderes, era una dictadura. Pero cuando yo vine, en el sesenta y tres, no vi purgas, ni represiones brutales, crueles,... Excepto, y muy subrayado, las penas de muerte del setenta y cuatro. Claro que, ley en mano, aquí había pena de muerte. A mí me parece horrible, inhumana, me repugna. Y mi marido trató de interceder para que no los fusilaran... Pero, insisto, excepto en eso, y que faltaban todas las libertades políticas, la España que yo conocí, más que una dictadura, era una dictablanda. [...] Franco era un dictador, pero no un tirano" (Pilar Urbano. La Reina. 1996. Plaza & Llanes).

   Cabe recordar que eran otros tiempos, y si no existían los partidos políticos, que entonces casi nadie echaba de menos, se ensayó una forma de democracia orgánica que sustituía ese aparato partitocrático por otros cauces naturales para el desarrollo de la vida comunitaria. Tampoco existían los sindicatos de clase actuales, reducidos a la influencia de los intereses de la izquierda, sino la Organización Sindical, más conocida como los sindicatos verticales, ordenada por sectores económicos que canalizaba eficientemente la relación entre empresarios y trabajadores. En cuanto a la pena de muerte, concretamente las mencionadas, que corresponden a 1975, afectaron a once terroristas por delitos de sangre, y de las cuales seis fueron conmutadas. De todas formas, habría que señalar que la pena de muerte en España estuvo vigente hasta 1995 en el ámbito militar para tiempos de guerra, y, por ejemplo, en Inglaterra no se suprimió hasta 1964 o en Francia, sin ir más lejos, llegado el año 1981.

   Pero, en fin, seguiremos con el cuento acostumbrado de lo buena que era la II República, lo malísima que fue la dictadura y la democracia que nos hemos dado todos, temiendo lo que vaticinó Donoso Cortés, que "el destino de la Casa de Borbón es fomentar las revoluciones y morir en sus manos".


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