Campañas sobre campañas

Publicado: Martes, 05 Diciembre 2017 Imprimir

   Durante Diciembre proliferan las campañas promocionales de todo tipo motivadas por la cercanía de la Navidad, la época más consumista del año e idónea también para estimular la solidaridad hacia los que menos tienen. Arramblando con todo, ya nos reclaman a la vuelta de la esquina los compromisos familiares, alguna cena con amigos y los ineludibles regalos que nos enfilan cuesta arriba al mes siguiente.

   En esta vorágine en la que parece que nos hemos vuelto locos, unas de las iniciativas más loables y, por desgracia, necesarias, son las campañas solidarias que llevan a cabo los bancos de alimentos aceptando las aportaciones de los clientes a la salida de los supermercados. En este sentido, la Federación Española de Bancos de Alimentos, se ha marcado el objetivo de conseguir los veintidós millones de kilos obtenidos el año pasado para poder cubrir las necesidades de más de un millón y medio de personas de los ¡cinco millones! en los que calcula la bolsa de pobreza en nuestro país, lo que equivaldría a la suma de los habitantes de Madrid, Barcelona y Oviedo. Sencillamente, dantesco.

   Entretanto, ahí tenemos a los políticos dando la nota en Cataluña con su campaña electoral, despilfarrando casi nueve millones y medio de Euros, gasto para el que, como en todo lo que les afecta a estos inútiles, no tienen más que arrimarse a la ubre del Estado.

   Por supuesto, no podíamos obviar en estas fechas la acostumbrada campaña de sensibilización de la Dirección General de Tráfico, advirtiendo de los riesgos que conllevan al volante los excesos a la mesa, el correr la juerga pasándose de la raya o entretenerse con ese móvil de última generación que hace de todo menos conducir el coche, y es que con tanto irresponsable suelto es inexcusable estar un poco encima y recordarlo.

   Y ya que estamos, resulta chocante esa ostentación exhibida en algunas campañas comerciales para anunciarte algo de lo más corriente, como una pizza o unos yogures, dentro de unos casoplones de ensueño que ya quisieran muchos y que ni de lejos suele corresponderse con la realidad del consumidor potencial, pero al que le transmiten una sensación artificial de bienestar que lo impulsa a adquirirlo, técnicas y estrategias publicitarias muy estudiadas que dan cuenta de la engañosa ilusión en la que vivimos en estos tiempos tornadizos.

   Desde luego, parece como si hubiésemos olvidado todo lo que no se compra con dinero para fundamentar nuestra felicidad, aunque de alguna manera sintamos a menudo que siempre nos falta algo que no adivinamos a descubrir. No será por campañas.


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