La Cabalgata

Publicado: Jueves, 04 Enero 2018 Imprimir

   Podría haber sido una de esas pocas cosas entrañables que a fuerza de ilusión aún se mantenían intactas, pero no, ni siquiera la Cabalgata de los Reyes Magos ha sobrevivido a la estupidez de la corrección política que habitualmente suele manifestarse ensalzando lo peor.

   Desde luego, los críos lo que quieren es ver a sus esperados Reyes Magos de Oriente que les traen regalos, y a poder ser como ellos los imaginan en su ingenuidad e inocencia y no a la manera de estas mentes trastornadas empeñadas en arrancarles su infancia con ocurrencias que están fuera de lugar, como sucede últimamente por los Madriles en alguna cabalgata de barrio con "drag queen" incluida o en la valenciana de las "magas" que ahora les ha dado por organizar en aquella encantadora ciudad, para lo que me quedo con las palabras de Jesús cuando dijo: "¡Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeños que creen!, más le valdría que les colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al mar".

   Estos ignaros han debido pensarse que como hay que disfrazarse todo vale, pero en el caso de los regidores madrileños habría que remontarse a esa época que tanto detestan para conocer el sospechoso origen de la cabalgata principal tal como hoy la conocemos, o sea, al 5 de Enero de 1967, cuando era alcalde de la capital Carlos Arias Navarro, a quien igualmente se le debe la existencia del Teleférico, el Parque de Atracciones y el Zoológico por citar algunas de sus perdurables realizaciones lúdicas. Entonces, la comitiva partía del Retiro y transcurría por el centro histórico hasta llegar a la Plaza Mayor donde los ilustres visitantes, encarnados por cronistas o periodistas de la Villa, eran recibidos por las autoridades municipales, emotivo encargo que ya en la democracia desempeñarían los concejales electos del Ayuntamiento. Esa fue la etapa que yo disfruté de niño, cada víspera de Reyes al atardecer, encaramado en un balcón de la Puerta del Sol.

   Sin embargo, no sería hasta la llegada del camaleónico Gallardón cuando ésta se trasladaría al Paseo de la Castellana y se le empezarían a incorporar (como en otras manifestaciones navideñas) elementos paganos y carnavalescos que la han terminado por transformar en un evento de todo menos cristiano, pues para esta ocasión estará dedicada a los científicos e inventores con Leonardo Da Vinci, Marie Curie y Albert Einstein como anfitriones, dejando al trío de Reyes de momento, y como es tradicional, para el final.

   Ni Nacimiento, ni pastorcitos, ni dromedarios. Vamos, que los muy republicanos le seguirán llamando Cabalgata de Reyes a lo que allí se congregue, sea de lo más variopinto, absurdo o antagonista con el preludio a la noche más mágica y con más encanto del año, y que lo que recuerda es el encuentro de Melchor, Gaspar y Baltasar con el Niño Dios en Belén.

   Que os traigan buenas cosas.


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