Hacia 1984

Publicado: Lunes, 29 Enero 2018 Imprimir

   No sorprende la última argucia del Partido Socialista Obrero Guerracivilista Español aprovechando la atención mediática y el embotamiento del Gobierno por el asunto catalán. Pretenden, porque el que la sigue la consigue, radicalizar la ya sectaria Ley de Memoria Histórica para lo que cuenta con el consabido apoyo de la ralea izquierdista y ese partido de ideario indeterminado llamado, según donde esté, Ciutadans o Ciudadanos, aunque a mí el término ese me recuerda a la Revolución Francesa.

   Asimismo, y aunque no me van las historias de contubernios y conspiraciones, tampoco resulta descabellado pensar que detrás de este propósito de cambiarnos el pasado (se ha cumplido una década de la aparición de la referida ley), subsisten unos intereses y relaciones de poder que intentan conducir la conducta de los demás.

   Y es que España parece haberse convertido en el laboratorio predilecto de esos grupúsculos elitistas que aplican sus estrategias por medio de la televisión y nuestra farsante clase política. Corregid las opiniones de los hombres y sus costumbres se depurarán por sí mismas, que dijo Rouseau. En este aspecto, llamaron la atención las palabras de Felipe VI cuando manifestó aquello de "la inmensa tragedia de la dictadura sobre la que no cabía fundar el porvenir de España", "tragedia" a la que su dinastía debe, precisamente, su continuidad aquí.

   También resulta curioso que llevemos tanto tiempo con el conflicto separatista que a todo el mundo tiene en vilo, mientras Cataluña, en otro tiempo motor de la economía española, se desmantela y arruina sin avanzar en su resolución, subordinado al ámbito judicial o jugando al gato y al ratón por una Europa que suele mirarnos con desprecio, porque España no es libre y ni en sueños está unida.

   Y entretanto, este giro de tuerca a la infame Ley de Memoria Histórica que será debatida a la vuelta de la esquina, al parecer, con la abstención del PP y con propuestas tan orwellianas como la Comisión de la Verdad, su enseñanza obligatoria en los colegios, la censura periodística o la destrucción, nada menos, de libros y documentos históricos que la cuestionen, aunque la cosa no quedará ahí, porque al que ose ejercer su libertad de expresión se le sancionará y, si fuera el caso, se le inhabilitará, e incluso se le mandará al trullo a purgarse.

   Que no quepa duda que lo mismo sucederá con otras leyes susceptibles de ser cocinadas en los fogones de la progresía mundialista, como ya pasa con la de género o la del aborto. Entonces probaremos de la amarga "democracia" de los que nos dan lecciones de la presente amenazando y tapándonos la boca, la democracia del Gran Hermano sobre la que se fundará el porvenir de lo que quede de España.

   Y ya de paso, recomiendo el revelador libro de Orwell antes de que los quemen.

 

 


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