España les queda grande

Publicado: Viernes, 02 Marzo 2018 Imprimir

   Hay cuestiones que los políticos deberían tomarse más en serio, siquiera por sentido de responsabilidad, pero como ya es costumbre en las instituciones que gobiernan, los rangos van siendo ocupados de manera automática por cosas y personas cada vez menos compatibles con ellos, que diría Ortega y Gasset.

   Al parecer, lo importante aquí es medrar y dejarse llevar por ese instinto de supervivencia que en ocasiones escenifican en forma de acuerdos o pactos entre partidos, aunque, al final, siempre vuelven a las andadas. Algunos, algo más avispados, prefieren echar tierra de por medio cambiando de cargo para seguir dándose la vida padre, en tanto la Patria sufre de la indiferencia o el desprecio de sus hijos.

   Señaló Voltaire que para saber quiénes te gobiernan sólo hay que pensar a quién no puedes criticar, y de paso acordarse de aquello que incumplieron para al cabo obtener algo más de rédito político, porque, como apuntó Lincoln, con la opinión pública de tu parte nada puede fallar y, al contrario, con ésta en contra, nada puede salir bien.

   El caso es que para España la cosa va de mal en peor, y únicamente los identifica la recurrente mención a otras épocas recientes para seguir disfrazando su insostenible farsa, con mensajes tan insustanciales como que “hace mucho tiempo que nos libramos de una dictadura y que hubiera un señor que dijera que su palabra es ley, que la ley es la que dictan los parlamentos, respetando las normas democráticas”, palabras salidas del Gobierno el pasado 1 de Octubre (casualmente, la misma fecha que durante su mandato conmemoraba al aludido) al rato de celebrarse el bochornoso referéndum independentista que aseguraban que iban a evitar, y que tampoco dejaron claro a qué parlamentos o democracia se referían, si bien, por entonces, también existía un Parlamento con ese "señor" que no hubiera tolerado semejante situación. Para alardear de democracia primero hay que sustanciarla.

    Pero esta característica de los partidos por trasladar a la sociedad sus propias contradicciones, sumado a su incapacidad para resolver los problemas reales de la misma, los convierte en meros rivales con la sola motivación de mermar o destruir al oponente, mientras la Nación se va yendo a pique a porciones con la ley que es la que dictan los parlamentos, y la ley no se justifica para esa gente por su fin, sino por su origen, es decir, que una ley es buena y legítima si ha logrado el apoyo de la mayoría de los sufragios de acuerdo con su voluntad, así contenga en sus preceptos graves perjuicios.

   Sin duda, a nuestros políticos y gobernantes España les queda grande.


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