Giro relámpago

Publicado: Viernes, 08 Junio 2018 Imprimir

   No sé si será cosa de la inestabilidad primaveral, pero a pocos ha dejado indiferente el fulminante cambio de Gobierno con la salida del pepé y la llegada de los socialistas que, ni cortos ni perezosos, han incrementado la cantidad de ministerios al mismo número que el de autonomías.

   Hoy el parasitismo en España está de enhorabuena, el Estado ha engordado otro poquito y sus mofletes se han acentuado, con su gobierno central y diecisiete ministerios más esas otras tantas administraciones satélites con sus correspondientes consejerías que son el equivalente a las carteras de aquél. Todo un alarde de prodigalidad gubernativa sin mencionar lo que colea alrededor de semejante tinglado y que a la gente parece darle igual. Y luego se teme por las pensiones.

   Resulta increíble que los otros se hayan tenido que ir con el rabo entre las piernas por unos condenados que se aprovecharon del partido hace años y, en cambio, a estos recién llegados de la mano de lo peorcito del panorama político les aplaudan por tirar la casa por la ventana con su inútil show de celebridades, pero como dijo Lincoln, con la opinión pública de tu parte nada puede fallar y, al contrario, con ésta en contra, nada puede salir bien, tarea que para el plantel de medios de comunicación preponderante es coser y cantar, porque anda que al Psoe no le cuelgan escándalos y sospechas.

   Desde luego, el presidente cesante se lo ha ganado a pulso, tras sus sonados incumplimientos electorales y su actitud vergonzosa en asuntos capitales que demandaban una respuesta urgente y enérgica, aunque lo realmente imperdonable ha sido la entrega del Gobierno en bandeja de plata a quienes quieren romper España, encaramando al poder a un partido socialista que iba de capa caída. En este sentido, lo razonable es que los españoles no les volvamos a dar nuestra confianza, pues tuvieron más que tiempo suficiente para reaccionar aun siendo conscientes del riesgo al que nos exponían.

   Respecto al Gobierno recién estrenado, no hace falta esperar a nada. Al contrario que sus predecesores, lo tienen claro. Han venido para ceder a las aspiraciones de sus socios y a consumar lo que otrora el anterior no tuvo arrestos de impedir.

   Ahora sólo nos queda aguantar lo que nos echen y esperar a que vuelvan días mejores para nuestra Patria. De circunstancias peores se ha salido adelante, aunque la cosa pinta fea.


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