Y de repente... vuelta a la realidad

Publicado: Miércoles, 04 Julio 2018 Imprimir

   En estas fechas es de suponer que bastantes españoles estarán ya de vacaciones, disfrutando de la naturaleza o del mar, mientras no pocos, recordando tiempos mejores, se han de conformar con quedarse. Otros estarán aguardando el momento de escapar de la ciudad, pensando en comprarse unas bermudas o un bañador nuevo o apurando lo que les queda en el gimnasio para favorecer la línea. Odio las comparaciones, pero los que tengan la fortuna de salir fuera unos días y romper con la rutina ojalá lo valoren.

   Con independencia de todo eso, el verano puede ser una buena época para pensar en muchas cosas, una pausa en aquello que hacemos el resto del año que se reanuda a la vuelta con un nuevo ciclo, aunque los que puedan permitírselo seguramente prefieran desconectar y evadirse de los problemas.

   En este sentido, decía Groucho, el de los hermanos Marx, que la política es el arte de buscarlos, encontrarlos y aplicar después los remedios equivocados, y es que menudo descanso sería para muchos verlo todo a su regreso más o menos como estaba, sin cambios repentinos que trastornen sus hábitos cotidianos con inéditas regulaciones que les complican la existencia, y es que a los progres les encanta eso condicionar la vida de los demás con cámaras y advertencias o a golpe de decreto.

   Por desgracia, la mayoría de las cosas importantes que nos afectan como sociedad han caído últimamente en manos de esta gente, acostumbrada a deteriorar la armonía y generar malestar general con sus decisiones, ya sea en el menoscabo de los que no comulgan con sus ideas o en la irreflexiva agitación de quienes las comparten.

   Parafraseando a un desaparecido periodista, en esta democracia asistimos a tal melopea de libertades individuales que hacen imposible la libertad de convivir, y, por eso, aunque la Constitución dice unas cosas muy formales son otras normas imperativistas ideologizadas, aunque de menor rango, las que realmente prevalecen en la práctica, lo que en algunos casos contradice el criterio de jerarquía normativa y convierte el Derecho en un instrumento de poder político.

   Por ejemplo, la Constitución dice que se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, pero ahí están los separatistas avanzando cada vez más hacia la desintegración de España con la connivencia del gobierno de turno; que la soberanía nacional reside en el pueblo español, pero tenemos un presidente con escaso apoyo electoral aupado por heterogéneas minorías que van a lo suyo en perjuicio de la mayoría; que los españoles tienen el derecho y el deber de defender España, pero no pueden mover un dedo si son precisamente los políticos los que la hunden; que el castellano es la lengua oficial del Estado y que todos tienen el derecho a usarla, pero en algunas regiones se proscribe y hasta se penaliza su empleo; que somos iguales ante la ley o que se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto, sin más limitación que el mantenimiento del orden público, así como el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, pero que a nadie se le ocurra cuestionar el discurso oficial imperante; o, para terminar, que todos tienen derecho a la vida, aunque cada año son abortados aproximadamente cien mil niños que nunca veremos corretear por el campo o chapotear en la playa.

   Y aquí lo dejamos. Felices vacaciones.


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