Atraco institucional

Publicado: Miércoles, 18 Julio 2018 Imprimir

   Hoy simplemente me apetece hablar de lo primero que se me ocurre, por ejemplo, de los muchos españoles que se encuentran en el umbral de la pobreza mientras los políticos derrochan caprichosamente lo que recaudan, y es que al observar a toda esa panda de parásitos instalada en el Congreso me viene aquella frase de Fernando Galindo de la película Atraco a las Tres (un empleado de banco metido en el robo, interpretado por el inolvidable José Luis López Vázquez): "Y luego quieren que no haya revoluciones".

   Y hablando de rebeliones, estos días se cumplen ochenta y dos años del Alzamiento Nacional (cuando media España no se resignaba a morir a manos de la otra media), encabezado por el General Franco, al cual la izquierda ansía echar de su sepultura por motivos tan mezquinos como sabidos. Llegados aquí, no quiero pasar por alto la enorme decepción que me produce la actitud de las dos instituciones que precisamente más le deben, la Iglesia y la Monarquía. La primera por adoptar una actitud colaboracionista con los profanadores, herederos políticos de aquellos que la masacraron por odio a la fe, como dicen ellos, y, la segunda, por mantener un elocuente mutismo que recuerda al dicho popular de quien calla otorga. Ver para creer.

   Pero volviendo a lo de antes, y paralelamente al recorte de las libertades, los españoles estamos siendo mangoneados de la manera más descarada. Es como si nuestros dirigentes estuvieran al servicio de cualquier cosa menos de sus compatriotas, con esas políticas globalistas impuestas desde fuera en nuestro detrimento, aunque para ellos el hecho de que pagar la luz o el teléfono se haya convertido en un problema para muchas familias les debe parecer normal, y ya no digamos el disfrutar estos días de un descanso alejado de la ciudad, eso se acabó para muchas personas que hasta hacía unos años ni se lo imaginaban. En cuanto a quienes lo han ido perdiendo casi todo o se han quedado en la calle me lo reservo para otro post. En cambio, ahí tenemos a nuestros inútiles representantes, dándose la vida padre a base de verborrea y colocando a los amiguitos en el Instituto Cervantes, en Correos o en la RTVE, por citar las últimas dádivas que he leído en algunos medios.

   El noble oficio de la política, si alguna vez lo fue, se ha convertido en un saqueo al ciudadano y en la barra libre de los que se aprovechan de aquélla, empezando por el concejal o alcalducho del pueblo más perdido de España, pasando por las autonomías, la oposición y concluyendo en el Gobierno o donde finalice, una nómina inasumible de gorrones y oportunistas en su mayoría, que se sustenta por el sufrido contribuyente nacional.

   ¿Y toda esa gente para qué?

 


Próximo Post