Epístola de San Judas Tadeo

Publicado: Martes, 28 Agosto 2018 Imprimir

   Para mí el mejor artículo (aunque haya sido escrito hace dos mil años), sobre los tiempos que vivimos. Aún no siendo extenso, me ceñiré a aquellas partes que más se adecúan a las circunstancias presentes por abreviar.

   En la Biblia, esta epístola se encuentra justo antes del Apocalipsis, su autor, San Judas Tadeo (no confundir con el traidor, Judas Iscariote), era uno de los discípulos de Jesús y hermano de Santiago el menor. Tanto en los Evangelios como en los demás textos del Nuevo Testamento pasa enteramente desapercibido, sólo mencionado en las listas de los apóstoles. La Iglesia lo venera como patrón de las causas difíciles y desesperadas y su festividad se celebra el 28 de Octubre. Además, es mi santo predilecto desde niño, dicho sea de paso.

LOS FALSOS DOCTORES

   Quiero recordaros a vosotros [...], como el Señor, después de salvar de Egipto a su pueblo, hizo luego perecer a los incrédulos; y como a los ángeles que no guardaron su principado y abandonaron su propio domicilio los reservó con vínculos eternos bajo tinieblas para el juicio del gran día.

   También éstos, dejándose llevar de sus delirios, manchan su carne, menosprecian el señorío y blasfeman de las glorias. El arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo contendiendo sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir un juicio injurioso, sino que dijo: "Que el Señor te reprenda".

   Pero éstos blasfeman de cuanto ignoran; y aun en lo que naturalmente, como brutos irracionales, conocen, en eso mismo se corrompen. ¡Ay de ellos, que han seguido la senda de Caín y se dejaron seducir del error...!

   Éstos son deshonra de vuestros ágapes; banquetean con vosotros sin vergüenza, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua, arrastradas por los vientos; árboles otoñales sin fruto, dos veces muertos, desarraigados; olas bravas del mar, que arrojan la espuma de sus impurezas; astros errantes, a los cuales está reservado el horco tenebroso para siempre [...] Éstos son murmuradores, querellosos, que viven según sus pasiones, cuya boca habla con soberbia, que por interés fingen admirar a las personas.

   Pero vosotros, carísimos, acordaos de lo predicho por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decían que a lo último del tiempo habría mofadores que se irían tras sus impíos deseos. Estos son los que fomentan las discordias, hombres animales, sin espíritu [...] Cuando a aquéllos, a unos reprendedlos, pues que todavía vacilan; a otros salvadlos, arrancándolos del fuego; de los otros compadeceos con temor, execrando hasta la túnica contaminada por su carne.


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