Mi fiel amigo

Publicado: Martes, 18 Septiembre 2018 Imprimir

   A modo casi de terapia, me apetece escribir sobre mi perro y olvidarme de estos políticos ególatras empeñados en dirigirle al resto la existencia, aunque es su omnipresencia, en definitiva, lo que detesto de esta memocracia.

   En cambio, con tu perro sucede todo lo contrario aunque no te deje ni a sol ni a sombra, pues su compañía ha sido decisión tuya, o no, y por eso, tal vez, cerca de la mitad de los hogares españoles posee un animal, en algunos incluso varios, y aquí ya no sería necesario establecer diferencia entre especies en ciertos casos.

   Aunque la cosa suene a tópico, tu perro es el mejor compañero que hallarás, y no te fallará por lo que no aprendió de nadie y hasta donde tú lo hayas educado. Desde luego, nunca dejará de sorprenderme cuando tras una separación momentánea me ladra de contento, moviéndose a mí alrededor y agitando velozmente el rabo como si hubiera estado semanas ausente, siempre atento a lo que hago y donde estoy, aunque a ratos parezca que está a lo suyo.

   Realmente, es increíble la empatía de la que son capaces estos animales, incluso por encima de muchas personas, pero ya lo dijo Diógenes el cínico, “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”, porque él nunca se enfada ni te despreciará por nada; su lealtad no tiene límites ya que está hecha a prueba de la estupidez humana. Son nobles, fieles y sencillos.

   Confieso que en alguna ocasión desearía haberme evitado esta obligación, pero esa idea se esfuma como el humo en cuanto lo miro o pienso en él, mientras con una culpable sensación me doy cuenta de que lo aprecio tanto como él me necesita. Por supuesto, hay que vivirlo para entenderlo, y nunca tuve uno antes.

   Bueno... lo dejo ya, que me está esperando.


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