Concentrado de ciudad sin añadidos

Publicado: Martes, 30 Octubre 2018 Imprimir

   Cada vez resulta más espinoso circular en coche por esta ciudad, y de un tiempo a esta parte diría, incluso, que comprometido. A los habituales y acostumbrados atascos en las horas punta, alguna restricción por obras o una congestión inesperada, se ha sumado desde la administración municipal un celoso seguimiento que ha convertido a los automovilistas en chivos expiatorios hasta por estacionar.

   Aunque esta costumbre de estrechar gradualmente el cerco a los conductores viene ya de lejos, cuando el primer alcalde socialista de esta hipotética democracia cerró la Puerta del Sol al vehículo privado llenándola de palomas y dando más espacio al peatón, tendencia que los sucesivos regidores han continuado con mayor o menor acierto a pesar de que lo criticaban en la oposición.

   Sin embargo, del protagonismo hegemónico del peatón se ha pasado ahora a un ecologismo radical que no acepta objeciones, y con esto de pertenecer a Europa e imitar a las capitales más respetuosas con el entorno se penaliza su uso, con alternativas tan extravagantes como la bicicleta o el patinete, no quedando otra que conducir uno eléctrico (si te lo puedes permitir) para que te dejen tranquilo y con el que encima aparcas gratis, o bien, utilizar el encarecido transporte público que no siempre se adapta a las circunstancias. Estos políticos se deben pensar que la solución al tráfico y a la contaminación pasa directamente por borrar los coches del mapa, aunque podían aprender de otros que les precedieron y hacer algún túnel que atravesase media urbe, porque lo de ensanchar aceras está muy bien, pero esto es Madrid, no una ciudad de provincias.

   Lo chocante de esta moda es que te meten el carril bici en medio de la calzada o tienes que jugártela entre éstas y los patinetes, condicionan la fluidez del tráfico imponiendo una ridícula velocidad en la que apenas puedes quitar el pie del embrague o te colocan una pegatina medioambiental en el cristal que reglamenta su inmovilización en determinadas situaciones, pero de alternativas reales, cero (y no de emisiones), sino restringiendo el acceso a ciertas zonas señalizadas y controladas por un circuito cerrado de televisión para que nadie se equivoque ni meta la pata o, más bien, el coche por donde no debía, porque estos regidores del Ayuntamiento se han debido creer que la ciudad es el patio particular de su casa en lugar de sus administradores temporales.

   Y ya que estamos en vísperas de “jalogüin”, aterroriza pensar que de aquí a un mes ya no se podrá transitar con el coche por donde han llamado "Madrid Central", porque al que se le ocurra cruzar la línea roja con la que han delimitado su perímetro le van a dar calabazas si no cumple ciertos requisitos.

   Por supuesto, pocos dudan de que esta aventurada medida perjudicará a muchísimas personas y negocios, y, sin embargo, parece que a nuestros políticos les da lo mismo. Francamente, yo no he visto gente más inflexible que a estos progres a los que continuamente se les cae de la boca la palabra libertad, y que con estas peregrinas ocurrencias, muy deslumbrantes de cara a la galería, sólo consiguen hacerle la puñeta a los demás, que ya bastante tenemos con aguantar su incompetencia.


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