La verdadera reconciliación

Publicado: Miércoles, 16 Noviembre 2016 Imprimir

   En aquella fría y soleada mañana de Noviembre de 1975, miles de personas agitaban al aire sus pañuelos blancos en señal de despedida al paso del féretro del Generalísimo, aparentando por la televisión el efecto de un albo remolino que acompañaba al cortejo por encima de la muchedumbre agolpada a los lados de las calles.

Sorprende, cuarenta y un años después, y tal como nos cuentan ahora la Historia, contemplar esas imágenes de sincero duelo que el pueblo español le tributó por última vez de camino a su definitiva morada, la Basílica menor de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, donde la imponente Cruz que la corona proclama por encima de diferencias ideológicas la reconciliación de todos los que lucharon en la Guerra Civil, y en la cual finalmente recibió sepultura no por expreso deseo sino por orden de su sucesor, a quien confiaba una España próspera y en paz en la que ya no se hablaba de vencedores ni vencidos.

A este respecto, referiré una anécdota poco conocida relatada por el historiador Ricardo de la Cierva:

   Durante el trayecto de unos empresarios españoles en avión de Moscú a Praga, un viajero se acerca a ellos y se presenta como el general Enrique Lister, del ejército soviético pero de nacionalidad española. Les habla de España con pasión, de la que dice no olvidarse jamás y alaba su trasformación y desarrollo, prosiguiendo: “Hace treinta años yo les hubiera tirado del avión o ustedes me hubieran matado. Hace quince nos hubiéramos mirado con recelo, pero hoy han cambiado mucho las cosas y nos sentimos más españoles que nunca. Ya sé que ustedes son afectos a Franco, yo soy comunista, pero admiro a ese hombre por su tesón y entrega por el bienestar de España”, diciéndoles también que su mayor ilusión sería volver a España para trabajar todos juntos y en paz.

   Pero esto ocurrió en 1968, y con el tiempo regresaría a España. Lo que entonces no se podía imaginar el buen hombre es que medio siglo después de aquel encuentro casual con sus compatriotas íbamos a estar casi como al principio a causa de unos ignaros impresentables.


Pues si te ha gustado, compártelo si quieres