esenfrdeitptru

1º de Abril

Publicado: Lunes, 01 Abril 2019 Imprimir

   Han transcurrido ochenta años de aquel 1º de Abril de 1939 en el que con el último, y único, parte de guerra de Franco -“En el día de hoy cautivo y desarmado el ejército rojo...”-, se daba término a una contienda fratricida iniciada tres años antes con el levantamiento de una parte del Ejército, y -en vaticinada locución parlamentaria del diputado Gil Robles-, de la “media España que no se resigna a morir”.

   Es una vergüenza que este día no se recuerde, lo cual dice muy poco de esta democracia que cada vez parece más de pego, aunque lo que no deja de ser un sarcasmo, tanto tiempo después, es que llamen golpe de Estado a lo que fue la reacción natural de una sociedad que se rompía ante la deriva revolucionaria del mismo, y que, en muchos aspectos, adquirió tintes alarmantes y hasta criminales, como el asesinato del diputado católico José Calvo Sotelo a manos de un retén de la Policía Armada mandada por un escolta del líder del PSOE Indalecio Prieto, por citar la gota que colmó el vaso y precipitó los acontecimientos que ya se veían venir. Hasta el propio Manuel Azaña, el más significado de los presidentes que se sucedieron en aquel convulso período llegó a decir, tras tener conocimiento de lo sucedido en la Cárcel Modelo de Madrid, “Yo no quiero ser Presidente de una República de asesinos…”.

   En esa fecha, hoy silenciada por quienes convierten la mentira en argumentos, terminaba una terrible confrontación que dividió a familias enteras, y rara fue aquella por la que no se paseó la muerte o la desgracia. Se iniciaba, sobre todo, una etapa de paz y prosperidad infinitamente mejor que cualquier otra anterior en nuestra Historia; no sólo se evitó que el comunismo convirtiera el país en otro satélite soviético, al estilo de Alemania del Este o Polonia, sino que alcanzó por sí misma unas cotas de progreso y bienestar por encima de otras naciones europeas reconstruidas con el Plan Marshall, del que España fue excluida, tras la Segunda Guerra Mundial. Al respecto, sirva la siguiente anécdota, relatada por el desaparecido historiador Ricardo de la Cierva, para contrastar el entusiasmo de esos años con esa desorientada memoria actual que a impulsos de la izquierda se impone ahora por ley a los españoles dentro lo que se supone una democracia.

   Durante el trayecto de unos empresarios españoles en avión de Moscú a Praga en 1968, un viajero se acerca a ellos y se presenta como el general Enrique Lister, del ejército soviético pero de nacionalidad española. Les habla de España con pasión, de la que dice no olvidarse jamás y alaba su trasformación y desarrollo, prosiguiendo: “Hace treinta años yo les hubiera tirado del avión o ustedes me hubieran matado. Hace quince nos hubiéramos mirado con recelo, pero hoy han cambiado mucho las cosas y nos sentimos más españoles que nunca. Ya sé que ustedes son afectos a Franco, yo soy comunista, pero admiro a ese hombre por su tesón y entrega por el bienestar de España”, diciéndoles también que su mayor ilusión sería volver a España para trabajar todos juntos y en paz.

   Pero resulta que ochenta años después no han cambiado las cosas para algunos que se identifican con los derrotados, que nos quieren llevar al principio.