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El símbolo de la Cruz

Publicado: Viernes, 19 Abril 2019 Imprimir

   El término cruz tiene relación con la raíz goda “hrugga”, que significa bastón, y es propiamente un madero alto que se clavaba en la tierra al cual se unía en la parte superior y en sentido transversal otro madero más corto: el patíbulo. Por consiguiente, la cruz era solamente el madero vertical aunque se llamaba así por extensión todo el conjunto de los dos maderos.

   Había cruces altas y cruces bajas. En éstas últimas los pies del ajusticiado quedaban muy cerca del suelo y solían emplearse cuando se quería que las fieras se cebasen en el cuerpo de los crucificados, como en la época de Nerón. Las cruces altas, en cambio, dejaban los pies clavados del crucificado a un metro más o menos del suelo, produciéndole la muerte por la dificultad de la circulación de la sangre que se acumulaba en los pulmones, asfixiándolo y oprimiendo el corazón hasta dejarlo sin movimiento. Así murió Jesucristo, que fue llevado a crucificar cargado no sólo con el patíbulo sino con la cruz completa después de ser salvajemente azotado.

   Cicerón llamó a la crucifixión “el más cruel y tétrico suplicio”. Humanamente hablando, Jesús no pudo tener muerte más ignominiosa. Precisamente, porque Él murió en la cruz ha dejado de ser una ignominia para ser timbre de gloria y señal de redención.

   El historiador y militar ateniense Tucídides afirma que ya los persas en todas sus guerras ponían en la cruz al rey vencido; también los cartagineses la aplicaban a cuantos jefes militares modificaban por su propia iniciativa las órdenes recibidas, y los romanos, que la copiaron de éstos, hicieron de la misma el complemento de un suplicio que en el campo se aplicaba a los esclavos.

   Los cristianos predicamos y glorificamos un Mesías crucificado y, por tanto, aceptamos que sólo en el misterio de la cruz está la salvación del hombre, o sea, que no hay más camino de seguirle que éste de negarse a sí mismo y tomar la cruz porque nuestro crucifijo es nuestra luz. Simbolica o figurativamente las dificultades y contradicciones son una cruz a veces, pero sin paciencia es imposible sobrellevarla y debemos padecerla si así hemos de alcanzar la vida eterna.

   Como cada persona, todas las cruces son diversas, nunca hay dos iguales, y sin embargo, cualquier cruz que Dios nos envíe no es más que un reflejo de la Cruz de nuestro Redentor.