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Apariencias que no engañan

Publicado: Martes, 22 Octubre 2019 Imprimir

   Si Dios no lo remedia, los que nos gobiernan en (de)funciones sacarán a Franco del Valle de los Caídos pasado mañana, casualmente, casi coincidiendo con la fecha de aquella entrevista en Hendaya, la víspera anterior, en la que evitó la entrada de España en la guerra mundial. Tal vez por eso un enojado Hitler le espetó: "General, sus enemigos jamás le perdonarán la victoria".

   Pero augurios aparte, y ya con la operativa de su traslado en marcha, resulta indudable que dicha exhumación está unida al maremágnum que nos desborda, con sucesos tan vergonzosos como los de Barcelona. Expuesto en términos cinematográficos, el anterior fin de semana ha sido como el epílogo de una película que anticipa el comienzo del siguiente capítulo a base de elipsis encadenadas: sobre los disturbios separatistas de fondo el preámbulo de la profanación de Franco, el ensueño de una monarquía de pitiminí en unos premios y los políticos enredando ante la campaña electoral más anormal que se recuerda, una elocuente puesta en escena a la que sólo le han faltado los obispos en procesión para ya darle el genuino toque berlanguiano.

   Si bien lo de trasladar a Franco a Mingorrubio se da por hecho, a mí aún me quedan esperanzas de que se fastidie. No obstante, aunque suene repetitivo, lo podrán mover de su sepultura, pero jamás lograrán borrarlo de la Historia, por mucho que se empeñen con sus leyes ilícitas e inmorales; ignoran, naturalmente, que los actos de los grandes hombres no suelen corresponder exactamente a su propósito inicial, sino que los rebasan, lo que los diferencia años luz de sus provocadoras e insensatas maniobras.

   En fin, lo único provechoso de este culebrón barato es que los que tuvieron el deber de evitarlo han quedado perfectamente retratados y a la altura del betún, empezando por esta Iglesia convertida en una Corte política gobernada por un declarado antiespañol aliado del globalismo, aunque como escribió Santa Teresa "todo se pasa".

   Personalmente, la decepción ha sido completa, y no por caerme de un guindo. Como de costumbre, los españoles no aprendemos de las lecciones del pasado y por eso ahora nos las cuentan al revés. Si esta democracia ya andaba de capa caída, con la exhumación de Franco ha renunciado a sus fundamentos y quedará desatada y bien desatada. Tiempo al tiempo.