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No hay dos sin tres

Publicado: Lunes, 11 Noviembre 2019 Imprimir

   Cuando un gobierno pone descaradamente sus intereses partidistas por delante del bien común suelen pasarle cosas así, que la jugada le sale mal y tenga que volver al principio con desventaja, y encima quien ha montado el lío dice que "ahora sí que sí". Sí que sí, qué.

   Bueno, por si a alguien le enorgullece, en un año y medio el muy chulo ha volado en avión todo lo que ha querido, ha logrado la increíble proeza de sacar a un muerto de su sepultura y nos ha retrotraído a unos odios del pasado, pues no se me ocurre nada más, aparte de dejar al país a los pies de los caballos. Luego se quejan de la abstención o de que suba la extrema derecha, como la llaman ellos, cuando la realidad es que no se puede vivir eternamente del cuento y encima ir gratuitamente provocando al que no piensa igual.

   Parece que lo más probable es que la cosa se complique aún más para los españoles, incluso desbloqueándose la formación de un supuesto gobierno socialista con la única oposición previsible, pero o eso o a votar de nuevo, aunque esperemos que sin llegar al récord republicano de dieciséis en seis años, que ya se sabe cómo acabó aquello, y es que políticamente hay muchas similitudes entre los hechos, las siglas y los protagonistas de entonces y hoy, si bien, ni están todos los que son ni son todos los que están.

   La verdad es que el horizonte es terrorífico; separatismo, déficit, paro... Con la UE nos pensábamos que teníamos las espaldas cubiertas y hasta estábamos vacunados de nuestras patologías sociales, pero (además de los temibles efectos del cercano Brexit) ni allí nos hacen caso ni aquí hemos cambiado nada, únicamente en cuanto a sociedad de consumo.

   En el fondo, por lo que se dice ahora, puede que lo ideal hubiese sido que Franco no hubiera ganado la guerra, nos habríamos sacudido el marxismo tras la caída del muro como otros (y sin el concurso de ninguna monarquía), aunque lo mejor, sin duda, es que nadie querría acordarse del PSOE, esa insoportable levedad del ser.

   Ah, y de la Iglesia seguramente contaríamos otra historia. Como apuntó Agustín de Foxá, "los españoles siempre habíamos caminado con los curas: o delante, portando un cirio, o detrás, esgrimiendo una estaca".

   Qué siga el espectáculo. Los viejos partidos añoran su agitada juventud.