esenfrdeitptru

Cutrez normalizada

Publicado: Viernes, 17 Enero 2020 Imprimir

   Lo ideal de una democracia es que se rija por personas capacitadas y honradas. Ya lo decía Aristóteles, un Estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes, si no la cosa se enrarece y acaba en desastre, y la confirmación la obtenemos de nuestra historia reciente o en una conversación de cinco minutos con el votante medio, como sugería Churchill.

   Es de cajón que una sociedad se expone irremediablemente al fracaso al posibilitar que cualquiera sin bagaje y, no digamos ya, de dudosa moralidad, pueda ocupar cargos políticos o institucionales, como a quien le enchufan por ahí. Si una familia se descompone cuando en la misma desaparece el respeto y la autoridad, qué no sucederá si lo transpolamos a toda una nación, puesto que no hay olla sin ningún garbanzo negro y este gobierno es una de grillos.

   Señalaba Alfonso X el Sabio que los cántaros cuanto más vacíos, más ruido hacen, lo que siempre es apreciable en cuanto se moviliza la izquierda, y que de un tiempo a esta parte parece estar manejada por una plutocracia que asimismo entiende que "con la opinión pública de tu parte, nada puede fallar; pero que con la opinión pública en contra, nada puede salir bien" (Lincoln), infiltrándose con su leitmotiv sexista y ecologista en todos los ámbitos, incluida la Iglesia, porque arrancados los valores cristianos, fundamento de nuestra civilización, tales ideas fluyen rápidamente por cualquier cauce. Así pues, nadie debería sorprenderse de los dislates que esta pandilla de impresentables venidos a más y que ruborizarían a sus ídolos del pasado, que ya es decir, pues hasta entre ellos compiten en sectarismo.

   Darle al pico no es lo mismo que trabajar por la buena marcha del país, por eso, al final sólo echan a andar medidas de índole ideológica, que es de lo que se habla y para las que sólo necesitan estómagos agradecidos, coartando la libertad de la sociedad al mismo paso que la empobrecen, situación asumible por una mayoría adormecida por falsas esperanzas e ilusa confianza, porque si la izquierda es garante de algo, sin duda, lleva mucho tiempo caducado.