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La trampa

Publicado: Viernes, 06 Septiembre 2019 Imprimir

   Como en veranos pasados, he ido unos días a Benidorm, icono del boom turístico concebido durante el milagro español (como lo llamaban fuera), y que pese a los reparos que se le pongan mantiene su reputado atractivo. Personalmente, no es mi sitio ideal, pero aporta sus cosas como destino vacacional y es de agradecer.

   Pocas novedades te encuentras de un año para otro, salvo algún restaurante reestrenado o un nuevo mastodonte de hormigón levantado en el espacio donde antes hubo un chalé o una pista de tenis, al contrario, cuando vuelves percibes a tu alrededor lo mismo que cuando te fuiste y, de un tiempo a esta parte, lo que ya va siendo una cotidiana y vergonzosa estampa en algunas de sus calles y avenidas: el cochambre despachado a base de contenedores desbordados y la habitual escasez de papeleras que te predispone a mirar por donde pisas o a armarte de paciencia para buscar una. Así que supongo que ya no es sólo cosa de concienciación cívica, sino descuido de un Consistorio que en esta índole deja mucho que desear, al menos, en época estival. Aunque para reproches, las sorpresivas multas por estacionamiento con las que a más de uno se nos ha recibido este año.

   Lo primero que me extrañó cuando la vi en el parabrisas fue que siempre lo había aparcado en esa calle, que colinda con el apartamento, y al dejarlo la noche anterior en aquella hilera de coches no me imaginé que había caído en una especie de trampa, que era la sensación que tenía al enterarme de que no fui el único y por la cara que me puso alguno al advertírselo.

   Antes de quitarlo busqué la señal de prohibición motivo de la sanción, que estaba varios metros atras, en la esquina, con la leyenda “Excepto residentes A”, entonces descubrí que algunos vehículos tenían un adhesivo en el cristal con una “P” de Parking que me hicieron suponer que eran los residentes y aún me produjo más dudas.

   Lo que era obvio es que, por lo general, el que llegaba de primeras desconocía esta circunstancia y, por lo que me comentaron, tampoco se había informado al respecto, pues en el caso de los que van sólo en verano de poco sirvió su publicidad en la radio local meses antes, como me dijo una señora, enterándote cuando la cosa ya no tiene remedio. En este sentido, cabría preguntarse si en una vía pública sin restricción de transito a vehículos ni personas puede contemplarse este estacionamiento exclusivo y permanente para "residentes A", que no se sabe lo que es hasta que lo averiguas perplejo.

   Para empezar, la señalización vertical pasa totalmente desapercibida en ciertos puntos, como cuando giras en algunas intersecciones, ya que al estar en la esquina, y no siempre en ambos lados, no la ves fácilmente si no vienes de frente (y en todo lo largo del tramo afectado no hay más señales que lo indiquen), del mismo modo que la línea horizontal de la calzada, aunque continua, es blanca y está desdibujada a veces. En tal estado, quizá sea involuntario lo de no obedecer a una señal de prohibición de estacionamiento.

   Parece indudable que aquello no está señalizado en condiciones, por lo que es razonable pensar que terminarán corrigiéndolo, tal vez, incluso pintando la raya de otro color que lo distinga, ¿y entonces, en qué situación van a quedar las sanciones ya impuestas?

   En fin, todo esto resulta todavía más incomprensible en una población que vive fundamentalmente de su imagen y el turismo, lo que incluye también a quienes la han convertido en su lugar habitual de vacaciones, pero, como se me escudó un agente municipal al que me dirigí después, donde hay patrón no manda marinero.