esenfrdeitptru

Mensajes

Publicado: Jueves, 19 Diciembre 2019 Imprimir

   Para concienciar sobre la protección del medio ambiente, algunos correos electrónicos o newsletters añaden un aviso al final que recomienda no imprimirlo si no es necesario. Rizando más el rizo, leo ahora en una web que "limpiando la bandeja de entrada contribuyes a eliminar tu huella de carbono" (sic), que calculan en unos 10 g de CO2 al año por cada uno.

   Cabe señalar que se trata de una noticia patrocinada que enlaza a un software que borra lo que no interesa una vez visto, y aunque si ya de por sí es recomendable tener un poco organizado el correo nunca pensé que suprimir los viejos emails era una forma de reducir la contaminación. Menos mal que punto seguido aclara que tal perjuicio no es propiamente por los mensajes, con la de porquería que hay por la red, sino de los servidores que los guardan y que continuamente consumen electricidad y tienen que estar ventilados por el calor que desprenden, con lo cual también reducen la temperatura ambiental, o sea, que el problema no es del contenido sino del continente. En tal caso, habría que incluirlos en una lista prohibida e instalarlos en los polos, siendo aún peor el remedio que la enfermedad.

   Desde luego, tener que preservar el planeta de nuestra influencia ya dice bastante de cómo somos, incluso en una ocasión escuché de un biólogo que si el ser humano se extinguiera la "hermana madre tierra" (como los obispos ridículamente la denominaron en su último sínodo), no le echaría en falta, al contrario de lo que sucedería en muchos ecosistemas, por ejemplo, con los insectos, lo cual es evidente por las imágenes de esas junglas y selvas vírgenes tan infranqueables y frondosas.

   Pero entonces, la misma creencia en Dios, en su Creación, perdería sentido. Si estamos en este mundo no es para quedarnos contemplándolo como si aquí se acabara todo, sino para aprovechar cristianamente lo que nos ofrece y así ir por nuestros merecimientos hacia Él cuando lo abandonemos, y es que si de algo prescinde este culto ecologista tan exaltado es de verdadera trascendencia y, especialmente, de aquellos valores eternos que Dios nos inculca y manda trasmitir a las generaciones futuras. Cuidar la naturaleza es una responsabilidad ineludible para cualquiera pero olvidarse del alma es su fracaso rotundo. "¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? (Mt.16:26).

   En fin, volviendo a poner los pies sobre la tierra, todo esto del cambio climático invita a discrepar por la polémica que genera, tanto por sus pronósticos y alegatos como por su negación, entre otras razones por los intereses económicos e ideológicos que encierra, aunque más pernicioso resulta la ausencia de una buena educación, que es la base del civismo y del respeto, y cuya degradación contribuye a que cualquiera vaya por ahí dando lecciones por el hecho de subirse al carro de la política o el activismo subvencionado con un micrófono delante, que es lo que están favoreciendo las televisiones que son la cosa más dañina que entra en los hogares, con su contenido dulcificado e inmoral en gran medida y algunas de sus informaciones sesgadas e intencionadas.

   El caso es que cuando algo marcha termina saltando la liebre sin saber muy bien de dónde ha salido, empieza a correr disparada y la discusión está servida, sólo que ya la imaginación se encarga del resto.