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Nuevo año y punto seguido.

Publicado: Viernes, 03 Enero 2020 Imprimir

   Anda que empiezan bien el año, el cansino Gobierno en funciones perfilando lo inaceptable con tal de vender la moto y el Papa, durante su acostumbrado baño de multitudes, dando manotazos a una fervorosa entusiasta por tirarle del brazo, lo cual se podría haber evitado con situar correctamente a los guardaespaldas.

   Pues eso, un cero para la seguridad del Vaticano por hacer de perritos falderos en vez de escudos, aunque lo mismo da, si es que tras esa hoja viene otra, aunque nos tomen por borregos, porque para muestra, basta un botón. Con lo primero, acariciando por fin la legislatura, como no soy río, atrás me vuelvo, y con lo segundo, contrito y a salvo de sobresaltos desde el balcón, hurtar el puerco y dar los pies por Dios.

   Con esta encrucijada, los españoles y los católicos en general, tenemos sobrados motivos para estar razonablemente alarmados. La nación convertida en rehén de un megalómano y acosada por todas partes, y la Iglesia, con su timón imantado de una especie de filantropía masónica, a la deriva de los vientos que soplen.

    Pero no todo es desalentador, si algo caracteriza a esta nación tan animosa como incauta, que reseñó Galdós (del que, por cierto, se cumple este año el centenario de su muerte), son esos hombres y mujeres excepcionales que surgen en los momentos cruciales y que no se resignan al dictado de quienes la mangonean y la arruinan, que hoy sea una entelequia confiar en un milagro no significa, sin embargo, que la cosa ya no tenga remedio.

   Y de la Iglesia, nada menos, instaurada por Cristo hasta el fin de los tiempos, ninguna tempestad podrá hundirla, ni siquiera el cambio climático que tanto le preocupa a su octogenaria jerarquía, con todo el problema de la contaminación y el calentamiento global.

   No obstante, este año a los españoles los Reyes Magos, o la política, si se prefiere, nos dejan carbón.