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Hablar por boca de ganso

Publicado: Lunes, 27 Enero 2020 Imprimir

   El primer precepto de la Ley Natural es el de que lo bueno ha de ser hecho e imitado y lo malo evitado. Es más, para ser sujeto de los derechos naturales no es preciso tener conciencia de ellos, como en el no nacido, pues son de suyo inalienables e irrenunciables y nadie en su sano juicio puede impugnarlos.

   A grandes rasgos, puesto que conforma una gran variedad de escuelas, el Derecho natural consiste en admitir la existencia un orden jurídico a priori que subordina al legislado por sustentarse en principios o normas válidas por sí mismas, como la preeminencia de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones. En cierto modo, el Derecho natural sería algo similar a como cuando invocamos nuestra Constitución respecto a otras leyes contrarias a su espíritu, o aludimos a los derechos humanos (cuyo origen surge de teorías iusnaturalistas), al verle las orejas al Gobierno con disparates como que de que "de ninguna manera" los hijos pertenecen a sus padres ni tienen derecho a decidir sobre su educación.

   Aparte del rechazo social generado, tampoco han faltado quienes han recordado, manipulando su sentido, que el actual papa manifestó que "los padres son custodios y no propietarios de sus hijos", reafirmando que "los esposos, recibiendo de la mano de Dios estos hijos con gusto y diligencia, los consideraran como un tesoro que Dios les ha encomendado, no para que lo empleen exclusivamente en utilidad propia o de la sociedad humana, sino para que lo restituyan al Señor, con provecho, en el día de la cuenta", (encíclica Casto Connubii de Pío XI), de ahí lo de "custodios y no propietarios", sin olvidar que el Código de Derecho Canónico establece que "el fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole".

   De cualquier manera, es incuestionable que los hijos son responsabilidad de los padres, que bastante desvelo y sacrificio les cuesta sacarlos adelante, pese a lo que digan algunos desviados y falte una educación cristiana bastante cuidada para comprender esta asociación, o colaboración, con Dios en la Creación, de lo que la Iglesia de hoy tiene su parte de culpa, además, de que "tal será la sociedad cuales son las familias y los individuos de que consta" (Enc. citada).

   Sin duda, siempre ha habido modas de todo tipo, aunque tal influencia no ha logrado sobrevivir más allá de su generación, revuelta a su manera, porque cada una piensa que es más inteligente que la anterior, que dijo Huxley, lo que no es comparable con estas artificiosas novedades de la ingeniería social encaminadas a modificar radicalmente las costumbres sociales y diluir los fundamentos de ese Derecho natural (que ya no se enseña ni en las facultades por su relación con el cristianismo), todo ello con la única intención de destruir a la familia y cosificar a las personas al son del Gran Hermano, pero las cosas son como son porque fueron como fueron, como muy bien apuntó otro, y eso no es moco de pavo, como la burda democracia que personifican.