esenfrdeitptru

Mingorrubio

Publicado: Viernes, 25 Octubre 2019

   Ha pasado sólo un día de la oportunista exhumación de Franco y algunos ya están dando coces contra el Valle de los Caídos, cosa que sería normal si sólo fuera algo puntual por el efecto de su traslado, aunque conociendo cómo se las gasta esta gente está claro que la cosa no ha hecho más que empezar.

   Sabido es que a los socialistas este tipo de polémicas les encantan para tapar su incompetencia, dedicándose a las martingalas a base de tinglados subvencionados, mientras muchos españoles, a los que ni les va ni les viene todo eso, tienen que prescindir de la calefacción y de otras necesidades básicas. Así pues, logrado retirar a Franco bajo el pretexto de que en dicho lugar únicamente pueden estar los muertos de la Guerra Civil -según su ley de memoria histérica-, el siguiente paso es remover los restos custodiados en las criptas de la Basílica. No obstante, por voluntad propia o por mandato, Franco estaba allí por derecho como artífice del monumento y, por tanto, tal y como se ha desarrollado el asunto, sujeto y objeto de una profanación.

   Pero al margen de lo señalado y del bochornoso espectáculo mediático, al menos, ya está con su esposa. Recuerdo que la mujer falleció, casualmente, el día que se estrenaba en los cines la película "Espérame en el Cielo", dirigida por Antonio Mercero y coprotagonizada por el genial Saza, una entretenida comedia sobre el hipotético doble de Franco que se ve envuelto en numerosos equívocos por su enorme parecido con el Caudillo; dada la triste coincidencia, durante la proyección se respiraba un ambiente como de añoranza de la época, no en vano la sala estaba repleta de señoras emperejiladas que murmuraban cuando aparecía en la pantalla.

   Al día siguiente, aprovechando el camino de vuelta de una mañana dominical, nos acercamos al cementerio de Mingorrubio donde instantes antes la acababan de enterrar. Como anécdota, me impresionó ver al Rey a la salida del sepelio como alma que lleva el diablo, precipitándose hacia el coche entre guardaespaldas a causa de unos exaltados que le seguían brazo en alto vociferando el nombre de Franco contrarrestado con vivas al monarca. Nunca se me olvidará la expresión de su rostro en medio de aquella tensa escena; sentí como una mezcla de sorpresa y vergüenza ajena.

   De aquello a lo de ayer han transcurrido tres décadas de mutua soledad para los dos, distanciadas por quince ridículos minutos en helicóptero. Ironías de la vida, al final, los socialistas han cumplido el deseo de ambos, yacer juntos, naturalmente. Descansen en paz.

   Esperemos que para los vivos vuelvan tiempos mejores, y que de una forma u otra lo importante permanezca, porque la mentira nunca vive hasta hacerse vieja, o eso dijo Sófocles.

   Realmente, los caminos de Dios son inescrutables.