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En la penúltima despedida a Franco

Publicado: Martes, 19 Noviembre 2019

   Este 20 de Noviembre se cumplen cuarenta y cuatro años de la muerte de Franco y de la llegada al trono, dos días después, de Juan Carlos I, y dados los cercanos acontecimientos en torno al primero (artífice de esta restauración o instauración monárquica, según se mire), merece la pena rescatar, para comenzar, las emotivas palabras que durante la coronación le dedicó su sucesor.

   “Una figura excepcional entra en la Historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para muchos una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la Patria. Es de pueblos grandes y nobles el saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su existencia a su servicio”.

   Asimismo, y en segundo lugar, conviene transcribir las que el cardenal primado de España, monseñor Marcelo González Martín, en nombre de la Iglesia, pronunció al día siguiente durante la homilía de la misa de corpore insepulto en una abarrotada Plaza de Oriente.

   Brille la luz del agradecimiento por el inmenso legado de relaciones positivas que nos deja este hombre excepcional, esa gratitud que le está expresando el pueblo y que le debemos todos, la sociedad civil y la Iglesia, la juventud y los adultos, la justicia social y la cultura, extendida a todos los sectores. Recordar y agradecer no será nunca inmovilismo rechazable, sino fidelidad estimulante, sencillamente porque las patrias no se hacen en un día y todo cuanto mañana pueda ser perfeccionado encontrará las raíces de su desarrollo en lo que ha estado haciendo ayer y hoy, en medio de tantas dificultades”.

   Ahora, en cambio, quienes personifican el relevo natural de ambas instituciones seculares callan ante los recientes hechos y las provocaciones de aquellos que le injurian, haciéndole el juego a republicanos y ateos, ya que Franco no es el objetivo (él ya pasó), sino la España perdurable que legó, ¿o es que piensan que va a levantarse y quieren tenerlo controlado trasladándolo a otro sitio como en la República?

   Pero cuál es ese legado, porque está visto que algunos no se han enterado a pesar del tiempo transcurrido.

   Antes de la Guerra Civil España estaba en una situación política muy similar a la actual, con un ambiente dominado por el enfrentamiento ideológico, el reto de los separatismos e incluso la monarquía desterrada. Afortunadamente, todavía no se ha llegado a los extremos de entonces, pero parece que es lo que algunos se proponen, y aunque parezca que un nivel de vida mejor nos inmuniza del mismo desenlace ni mucho menos es imposible.

   Los socialistas han rejuvenecido lo que fue un fracaso colectivo para alterar lo conquistado: la España como hoy la sentimos y reconocemos, con sus virtudes y defectos, pero, al fin y al cabo, la nación en la que nacimos (y que conste que no soy franquista ni falangista, simplemente, me considero un español que no se avergüenza como otros de nuestra Historia, y en la que siempre han habido héroes y villanos, aunque hoy toca sufrir a los segundos).

   Para ir terminando, una curiosidad con tintes esotéricos sobre la fecha del fallecimiento de Franco, que se obtiene sumando por fracciones el comienzo y el final de la Guerra Civil, el 18-7-36 y el 1-4-39 respectivamente, o sea, el 19-11-75 (hay que indicar que oficialmente su muerte se produjo en la madrugada del día 20, sin embargo, se ha especulado con que se buscó, por horas de diferencia, la coincidencia con la del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, fusilado por los republicanos. También hay quienes señalan el 17 de Julio como fecha del Alzamiento, pero son matices que tampoco desvirtúan su contexto).

   Precisamente, el que fuera su médico personal, Vicente Pozuelo, relata en un libro estos pormenores y sus últimas vivencias junto al Caudillo, pero de sus páginas me quedo con un párrafo del final para acabar:

   "Le acompañé en el Palacio de Oriente. Luego acudí con la multitud al Valle de los Caídos. Y cuando todo el mundo se marchó, me quedé todavía unos minutos ante su tumba. En la soledad y en el silencio impresionantes de la basílica, sus (últimas) palabras sonaban aún dentro de mi cerebro: "no me deje, no me deje".