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La Cruz

Publicado: Jueves, 09 Abril 2020 Imprimir

   Esta Semana Santa no tendremos que preocuparnos de mirar al cielo por las procesiones, sino de esas otras gotas que desde lo alto alivian a un mundo sediento de consuelo y esperanza, y cierto es que "Jesucristo tiene muchos amadores de su reino celestial -que señala Kempis-, más muy pocos para llevar su Cruz", lo que a un santo le llevó a preguntarse por qué Jesús, en sus otras penas solo, quiso que le ayudase el Cirineo para llevar la Cruz, deduciendo que la Cruz sola de Cristo no basta para salvarnos si nosotros no llevamos también la nuestra, aunque cualquier cruz que Dios nos envía no es más que un reflejo de la suya.

   Etimológicamente, el término cruz tiene relación con la raíz goda hrugga, que significa bastón, y es propiamente un tronco alto que se clavaba en la tierra al cual se unía en la parte superior y en sentido transversal otro madero más corto: el patíbulo. Por tanto, la cruz era solamente la pieza vertical, aunque se llamaba así por extensión al conjunto de los dos, y como casi todo instrumento tenía sus diferentes versiones. Había cruces altas y cruces bajas, pero en éstas últimas los pies del ajusticiado quedaban muy cerca del suelo y solían emplearse cuando se quería que las fieras se cebasen en el cuerpo de los crucificados, como sucedía en la época de Nerón; las cruces altas, en cambio, dejaban los pies clavados del crucificado a un metro más o menos del suelo, produciéndole la muerte por la dificultad de la circulación de la sangre que se acumulaba en los pulmones, asfixiándolo y oprimiendo el corazón hasta dejarlo sin movimiento. Así es como murió Jesucristo, que fue llevado a crucificar cargado no sólo con el patíbulo sino con la cruz completa después de ser salvajemente azotado.

   El historiador y militar ateniense Tucídides afirma que ya los persas en todas sus guerras ponían en la cruz al rey vencido; también los cartagineses la aplicaban a cuantos jefes militares modificaban por su propia iniciativa las órdenes recibidas, y los romanos, que la copiaron de éstos, hicieron de la misma el complemento de un suplicio que en el campo se aplicaba a los esclavos.

   Humanamente hablando, Jesús no pudo tener muerte más ignominiosa, pero, precisamente, porque Él murió en la cruz ésta ha dejado de ser una ignominia para ser timbre de gloria y señal de redención, y por ello los cristianos predicamos y glorificamos un Mesías crucificado aceptando que sólo en el misterio de la Cruz está la salvación del hombre, del cual, dice el Apostol, el viejo hombre fue juntamente crucificado con Él, llamando así a la servidumbre a la que estaba sometido por el primer pecado; aún así, como escribió Fray Luis de Granada, "¿Quién osaría ofender a Dios si viese el Paraíso y el infierno abierto delante de sí?, pues, sin duda, mayor cosa es ver a Dios puesto en la Cruz que todo esto, por donde, a quien no mueve esta azaña no sé que otra cosa le puede mover". Por eso, aunque con lo está pasando dicen que el mundo va a cambiar, yo creo que seguirá por el mismo camino.

Traslado del Cristo de los Alabarderos al Palacio Real de donde sale en procesión el Viernes Santo.